Fernweh, un sentimiento viajero

En lengua gallega existe una palabra para referirse al dolor de encontrarnos lejos de la que consideramos nuestra tierra, a la nostalgia por el hogar en el que crecimos y donde probablemente vivan nuestros padres.

Aquel pueblo del noroeste de España, con larga historia de emigración, bautizó a ese sentimiento con el vocablo morriña. Es curioso cómo su pronunciación ya deja entrever algo de su significado: suena mucho a lo que pretende transmitir, con una melodía dulcemente triste. El uso de esta palabra se ha extendido por otras regiones de la península Ibérica y también de Latinoamérica, pues no tiene su correspondiente término en castellano. Y además porque los gallegos, por supuesto, llevan su morriña allí donde van.

Como la morriña pero al revés

En alemán, heim quiere decir hogar y weh quiere decir dolor. La unión de ambas palabras, heimweh, significa lo mismo que la morriña. Los germanos fueron más pragmáticos (y por supuesto menos musicales) uniendo dos términos como si fuera una suma matemática que les arroja un resultado, el mismo que a los gallegos. Pero…

¿Sabés qué me pasa hoy a mí? Me pican los pies y el alma, justamente no deseo estar en mi tierra natal ni dormir todas las noches en la misma cama de siempre. Necesito salir de viaje. Por veinte días, por un día o por no sé cuándo vuelvo. Pero un viaje, ahora. Ya.

Sobrevolando la cordillera de Los Andes
Sobrevolando la cordillera de Los Andes

Y los alemanes también crearon una palabra para esa sensación que a veces se vuelve tan punzante dentro nuestro, que funciona como el antónimo de heimweh. Sumando letras como suman ellos, es el fernweh. El dolor (weh) ahora no está causado por la ausencia del hogar (heim) sino por la falta de distancia hacia él (fern).

Fernweh, así nomás.

El síndrome de no estar viajando

Esa sensación molesta de no encontrarnos lejos de casa. Esa sed insaciable de conocer nuevos lugares, de visitar el mundo y sus muchos mundos, de ir un poco más allá por la ruta y tratar con nuevas personas. Eso es fernweh. Ese bichito que pica.

El origen del término está relacionado con el romanticismo alemán y con sus métodos de aprehensión de la sabiduría. Este movimiento cultural se desarrolló más o menos entre los años 1800 y 1850 en casi toda Europa, pero en Alemania alcanzó su punto más alto. Como dije antes, la palabra fernweh no tiene su equivalente en castellano, pero sin dudas muchos de nosotros la vivimos en carne propia.

Indicador de distancias en Baños de Agua Santa
Indicador de distancias en Baños de Agua Santa

Una vez, en el pizarrón de corcho de un hostal (no recuerdo de qué ciudad) vi un papelito escrito, clavado con una chinche, que decía: “Uno de mis momentos favoritos cuando viajo es la mañana, cuando te despiertas y miras por la ventana, y todo lo que ves es distinto, nuevo y desconocido, desde el color del cielo hasta la misma ventana por la que puedes mirar. Te indica que estás dentro de un mundo nuevo, y que tienes todo un día por delante para dejarte llevar por él.”

Fernweh. El deseo incontenible de encontrarse ante una nueva ventana, lejos de casa, por la cual permitirle al alma que observe. Es un sentimiento que conocemos muy bien los que somos viajeros de corazón, los que creemos que pertenecemos a todos los lugares un poco, y a los caminos también.

Supongo que es un síndrome del que uno no se cura fácilmente, ni aunque quisiera.

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están señalados con *.