Ruta provincial (Buenos Aires, Argentina)

Fernweh, un sentimiento viajero

En lengua gallega existe una palabra para referirse al dolor de encontrarnos lejos de la que consideramos nuestra tierra, a la nostalgia por el hogar en el que crecimos y donde probablemente vivan todavía nuestros padres.

Aquel pueblo del noroeste de España, con una larga historia de emigración, bautizó a ese sentimiento con el vocablo morriña. Es curioso cómo su pronunciación ya deja entrever algo de su significado: suena mucho a lo que pretende transmitir, con una melodía dulcemente triste. El uso de este término se ha extendido por otras regiones de la península Ibérica y también de Latinoamérica, pues no tiene otro correspondiente en castellano. Y además porque los gallegos, por supuesto, llevan su morriña ahí donde van.

Como la morriña pero al revés

En alemán, heim quiere decir hogar y weh quiere decir dolor. La unión de ambas palabras, heimweh, tiene igual significado que la morriña. Los germanos fueron más pragmáticos (y por supuesto menos musicales) uniendo dos términos como si fuera una suma matemática que les arroja un resultado. Es el mismo resultado que antes comentaba al que se refieren los gallegos. Pero…

¿No te pasa que a veces es lo contrario? ¿Que se nos inquietan los pies, justamente porque no deseamos estar en nuestra tierra natal ni dormir todas las noches en la misma cama de siempre? ¿Que necesitamos salir de viaje con urgencia, por veinte días, por un día o sin saber cuándo volvemos? ¿Que el cuerpo nos pide a gritos que nos vayamos a otro lado?

Sobrevolando la cordillera andina (Chile)
Sobrevolando la cordillera de Los Andes

Los alemanes también crearon una palabra para esa sensación que a veces se vuelve tan punzante dentro nuestro, que funciona como el antónimo de heimweh. Sumando letras como suman ellos, es el fernweh. El dolor (weh) ahora no está causado por la ausencia del hogar (heim) sino por la cercanía a él (fern).

Fernweh, así nomás.

El síndrome de no estar viajando

Es esa molestia por no encontrarnos lejos de casa. Esa sed insaciable de descubrir nuevos lugares, de visitar el mundo y sus muchos mundos, de ir un poco más allá por la ruta y tratar con otras personas, de vivir situaciones que nos sorprendan. Es un bichito que suele picar bastante fuerte.

El origen del término está relacionado con el romanticismo alemán y con sus métodos de aprehensión de la sabiduría. Este movimiento cultural se desarrolló más o menos entre los años 1800 y 1850 en casi toda Europa, pero en Alemania alcanzó su punto más alto. La palabra fernweh no tiene su equivalente en castellano, pero sin dudas muchos de nosotros la experimentamos en carne propia un montón de veces.

Cartel indicador de distancias (Baños de Agua Santa, Ecuador)
Cartel indicador de distancias en Baños de Agua Santa

Una vez, en el pizarrón de corcho de un hostal (no recuerdo de qué ciudad) vi un papelito escrito que decía: “Uno de mis momentos favoritos cuando viajo es la mañana, cuando te despiertas y miras por la ventana, y todo lo que ves es distinto, nuevo y desconocido, desde el color del cielo hasta la misma ventana por la que puedes mirar. Te indica que estás dentro de un mundo nuevo, y que tienes todo un día por delante para dejarte llevar por él.”

Fernweh. Ese deseo incontenible de encontrarse ante una nueva ventana, lejos de casa, por la cual permitirle a nuestros ojos que observen. Es un sentimiento que conocemos muy bien los que somos viajeros de alma, los que creemos que pertenecemos un poco a todos los lugares, y a los caminos también.

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