Basílica de Santa Maria Novella (Florencia, Italia)

Florencia y el síndrome de Stendhal

Una vivencia que tenemos a veces, en ciertos lugares, es la de quedarnos absolutamente atónitos al contemplar algo que nos gusta mucho. Pasa cuando estamos frente a un paisaje, una construcción o una pintura que desborda de belleza. Se siente como que casi no podemos soportar algo tan lindo. Así le pasó a Stendhal en Florencia hace un par de siglos y por eso el síndrome al que me voy a referir lleva su nombre.

Stendhal fue el seudónimo que adoptó el escritor francés Henri-Marie Beyle, nacido en la ciudad alpina de Grenoble en 1783. La última parte de su infancia y los comienzos de su adolescencia los vivió en épocas de la Revolución Francesa. Posteriormente se radicó en París, donde consiguió empleo en un ministerio, hasta que fue llamado a combatir con las tropas napoleónicas en Italia en 1801. Cuando finalizó la guerra, trabajó como funcionario administrativo en distintos países como Austria, Alemania y Rusia.

Puente de Santa Trinidad (Florencia, Italia)
Puente de Santa Trinidad

En 1815 Stendhal se mudó a Milán. Ahí comenzó a desarrollar su carrera literaria, principalmente enmarcada en el género del romanticismo. Además aprovechó su estancia en Italia para visitar distintas ciudades del país, varias de las cuales lo fascinaron. Pasados los años, su devenir lo llevaría también a viajar por Inglaterra y a regresar nuevamente a Francia. Falleció en 1842 en París.

Una sobredosis de belleza

La historia que ahora cuento ocurrió en 1817 durante su visita a Florencia, capital de la región de Toscana y cuna del movimiento cultural denominado Renacimiento. Al recorrer la ciudad, Stendhal se fue maravillando con el hermoso derroche estético de fachadas, cúpulas y estatuas que iba encontrando a su paso.

Uno de esos días, mientras estaba recorriendo la Iglesia de Santa Croce de pronto se sintió aturdido, con vértigo, palpitaciones, angustia y una sensación de ahogo que lo obligó a salir al exterior para tomar un poco de aire. En su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio describió de la siguiente manera lo que había padecido:

“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme.”

Iglesia de Santa Croce y su plaza (Florencia, Italia)
Iglesia de Santa Croce y su plaza

Debido a la preocupación que la situación le generó, Stendhal llegó a hacerse revisar por un médico particular, quien le quitó importancia a lo sucedido. Pero imagino que si el doctor hubiera tenido que completar un certificado escrito debería haber anotado que se trataba de una sobredosis de belleza.

Florencia a través de los siglos

En la actualidad, Florencia es uno de los destinos turísticos más importantes de Europa. Es poco frecuente conversar con viajeros que la hayan visitado y que digan que no les gustó. Tiene, sin dudas, un encanto especial en esa combinación de elementos estilísticos de arquitectura gótica y renacentista. Por sus calles se respira arte a cada paso…

Edificios con arcos frente al río Arno (Florencia, Italia)
Edificios con arcos frente al río Arno

La ciudad fue fundada por Julio César hace más de dos mil años. Tras la caída del Imperio Romano la dominaron sucesivamente los ostrogodos y los bizantinos, más tarde la conquistó Carlomagno. Durante la Edad Media, Florencia fue poco a poco ganando importancia gracias al desarrollo del comercio y de la banca, aunque no estuvo exenta de graves dificultades como las guerras religiosas y políticas o la devastadora peste negra.

La familia Medici, unos acaudalados banqueros, se consolidó en el poder en 1537 y lo mantuvo durante dos siglos. A partir de entonces la ciudad atravesó su periodo de mayor esplendor, dando origen al Renacimiento. Este movimiento tuvo su base en la investigación y reivindicación de la cultura clásica grecorromana, pero con una visión más humanista de la ciencia y el arte, propia de los nuevos tiempos.

Callecita florentina a sol y a sombra (Florencia, Italia)
Callecita florentina a sol y a sombra

Vale aclarar que, hasta mediados del siglo XIX, las ciudades italianas eran independientes de cualquier poder central, hasta que tuvo lugar un lento proceso de unificación del territorio dentro de un mismo reino. Florencia fue la capital de dicho reino de 1865 a 1870, antes de que las autoridades se trasladaran definitivamente a Roma.

El Duomo

El centro histórico de Florencia forma parte del patrimonio de la humanidad de UNESCO desde 1982. Cuenta con la ventaja de que la estación de trenes principal está muy cercana, lo que es favorable para quienes quieran realizar una visita corta. De todas formas, creo que es un lugar que merece que le dediquemos al menos tres o cuatro días, para descubrir sin prisas todo lo que tiene para ofrecer.

La Catedral de Santa María del Fiore (también conocida como el Duomo) es la quinta iglesia más grande del mundo. Comenzaron a construirla hace más de setecientos años y estuvo terminada, tal como la podemos ver hoy, en 1903. La fachada está hecha de mármoles blancos con detalles en verde y rosa, mientras que su cúpula supera los cien metros de altura.

Parte superior del frente del Duomo (Florencia, Italia)
Parte superior del frente del Duomo

Frente a la catedral se ubica la Plaza del Duomo, rodeada por otras construcciones de importancia como el Campanario de Giotto, el Museo de la Opera del Duomo, el Palacio de Canonici y el Baptisterio de San Giovanni. En cada edificio podemos apreciar los distintos estilos de arquitectura que se fueron sucediendo con el paso del tiempo.

Si nos dirigimos hacia el lado de la estación de trenes, encontraremos pronto la Basílica de Santa María Novella, que data de 1420. Tiene enfrente una plaza más tranquila que la del Duomo para sentarse a descansar un rato. Las fachadas de las viviendas de los alrededores, de tres o cuatro pisos, son típicas y muy bonitas.

La influencia de Miguel Angel

No muy lejos de ahí se encuentran el Palacio Medici Riccardi, el Mercado Central, la Biblioteca Laurenziana y un conjunto de capillas que guardan los restos de los duques de Medici. Tanto la biblioteca como un par de los mausoleos fueron diseñados por una de las personalidades más geniales de su época: el célebre Miguel Angel, quien vivió muchos años en Florencia durante distintos momentos de su vida.

Vista hacia centro histórico al atardecer (Florencia, Italia)
Vista hacia el centro histórico al atardecer

Miguel Angel fue arquitecto, escultor y pintor; en cada una de esas disciplinas llegó al máximo nivel de perfección. Su carrera estuvo siempre muy apoyada por la familia Medici, que le encargó diferentes trabajos en esta ciudad y en Roma. Tuvo una vida bastante longeva para aquellos tiempos, alcanzando los 88 años. Su marca en Florencia define en gran medida la identidad citadina.

Algo más hacia el norte están la pequeña Plaza San Marco y el museo de arte del mismo nombre, que ocupa el espacio de lo que antiguamente fuera un convento de frailes. A escasos metros de ahí se ubica la Galería de la Academia de Bellas Artes, donde entre muchas otras piezas se exhibe el monumental David de Miguel Angel. Es muy probablemente su escultura de mayor fama mundial, tallada en mármol y con un altura de más de cinco metros.

Plaza de la Señoría

Es otro punto de visita ineludible, el centro administrativo de la ciudad desde el medioevo. Ahí se encuentra el Palazzo Vecchio, con un estilo de fortificación medieval pero embellecido en sus formas y su torre de 95 metros. La plaza es también una muestra de arte a cielo abierto, con muchas estatuas entre las que destacan la de la Fuente de Neptuno y una réplica del David.

Un par de torres medievales (Florencia, Italia)
Un par de torres medievales

Al costado de la plaza tenemos la Galería de los Uffizi, un espléndido palacio que funciona como museo. Lo visitan unos dos millones de personas al año y presenta una amplia colección con obras maestras de Leonardo Da Vinci, Sandro Botticelli y, por supuesto, Miguel Angel. El palacio cuenta con un pasaje de libre acceso donde se exponen monumentos a grandes nombres de la edad dorada de la cultura florentina como Dante Alighieri, Américo Vespucio, Galileo Galilei y Nicolás Maquiavelo, entre muchos otros.

Puentes sobre el río Arno

Al final de este pasaje se llega al río Arno, que invita a una caminata. Está cruzado por varios puentes, uno más lindo que el otro. Seguramente el más famoso es el Ponte Vecchio, de estilo medieval y con esas fachadas de tonos amarillos colgando a los lados. Sobre él funcionan diversas tiendas relacionadas con la joyería y el oro. Es el único puente que no fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial.

Ponte Vecchio (Florencia, Italia)
Ponte Vecchio

Dentro del centro histórico quedaría por mencionar la Iglesia de Santa Croce, justamente en la que Stendhal sufrió vértigo y taquicardia. Es de estilo gótico y la fachada también fue realizada en mármol blanco con toques verdes y rosados, lo que la asemeja a la catedral. Ambas construcciones son obra de Arnolfo Di Cambio, quien además se encargó del Palazzo Vecchio.

Cruzando el río se obtienen buenas panorámicas hacia la parte antigua de la ciudad. Y si desde el Ponte Vecchio caminamos por enfrente algo más de un kilómetro, llegaremos a la Plaza Miguel Angel, el sitio preferido de los visitantes para observar la puesta del sol. Sobre la colina hay otra réplica del David, dominando desde lo alto.

Edificios con arquitectura y tonos típicos (Florencia, Italia)
Edificios con arquitectura y tonos típicos

Pasaron décadas desde el episodio que vivió Stendhal hasta 1979, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini estudió más de cien casos de visitantes de Florencia que habían atravesado experiencias semejantes a las del escritor. Básicamente se trataba de agotamiento, sofocos y mareo.

A partir de sus trabajos, esa sensación fue catalogada como un síndrome. Un síndrome que, más allá de su incidencia clínica, se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante lo extremadamente hermoso. El síndrome de Stendhal se puede hacer realidad en cualquier paseo por Florencia.

Pienso que estuve cerca de sentirlo la primera vez estuve ahí, aunque sin la parte de que tenía miedo a caerme. Y me ha vuelto a pasar después en otras oportunidades: en Cartagena de Indias, Fenghuang o Chefchaouen. Me parece que viajando es la mejor forma de encontrar, en algún momento, algo que nos haga temblar ante su belleza.

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